16 de mayo de 2013

El escándalo por la tesis sobre el coeficiente intelectual de los hispanos

Fuente: BBC mundo.-

Establecer una asociación entre coeficiente intelectual y raza es un riesgo que puede desencadenar airados debates.

Así lo ha atestiguado la comunidad académica estadounidense durante los últimos días, tras el escándalo surgido por una tesis doctoral en la que se asegura que algunos grupos como los hispanos o los negros tienen un cociente intelectual, CI, más bajo que los asiáticos o los blancos.

La tesis, realizada en 2009, salió a la luz la semana pasada a raíz de un estudio de la Fundación Heritage, un grupo de análisis de carácter conservador con sede en Washington DC.

El autor de la tesis, Jason Richwine, renunció a su cargo de analista de políticas públicas en la fundación y desde entonces rehúye el contacto con la prensa.

Sin embargo, la controversia, lejos de diluirse, ha ido cobrando fuerza con el paso de los días.
El coeficiente intelectual en tela de juicio

Científicos de la Universidad Western de Canadá y el Museo de Ciencia de Londres difundieron el pasado diciembre una investigación en la que aseguran que el coeficiente intelectual ha quedado obsoleto para establecer el nivel de inteligencia real de una persona.

La principal carencia de este mecanismo, constataron, es que no toma en cuenta "la compleja naturaleza del intelecto humano con todos sus distintos componentes".

El profesor Roger Highfield, del Museo de Ciencia de Londres, le explicó en su momento a BBC Mundo que "los resultados desmienten de una vez por todas la idea de que una sola medida de inteligencia, como el CI, es suficiente para capturar todas las diferencias en la capacidad cognitiva que vemos entre las personas".

El analista y escritor venezolano Moisés Naím incide en este punto.

En una columna publicada en el diario español El País sostuvo que "entre los científicos sociales no hay consenso acerca de qué es lo que miden los test que estiman el cociente intelectual" y se preguntaba: "¿Miden inteligencia o más bien miden la capacidad de responder bien a ese tipo test? Y si miden inteligencia, ¿qué tipo de inteligencia es?".
Politización del debate

En su tesis "IQ and Immigration Policy" (CI y políticas de inmigración), Richwine escribió que "la selección de los inmigrantes de alto coeficiente intelectual podría mejorar los problemas de falta de asimilación socioeconómica de los inmigrantes de menor CI y beneficiaría a los potenciales inmigrantes más inteligentes".

Ahora, más allá de la oportunidad política de este alboroto en un momento en el que el Congreso de Estados Unidos debate la nueva legislación migratoria, surge la duda sobre lo preciso que es el coeficiente intelectual como herramienta para medir no ya la inteligencia de una persona, sino de todo un grupo étnico.

"No creo que el CI tenga ninguna fuerza moral y no creo que se deba utilizar en ningún caso para diseñar políticas de inmigración. De hecho, cualquier tipo de política pública que se sustente sobre este tipo de datos es, para mí, un anatema.

"Es demasiado cercano a la eugenesia y a la moralmente repugnante idea de que la gente más lista es de alguna manera mejor en algún sentido", aseguró el comentarista político Andrew Sullivan.

Todo esto sin olvidar que el concepto de hispano o latino es una construcción creada en Estados Unidos que no equivale a una raza.

No obstante, Jason Richwine defiende sus argumentos; incluso después de la polémica, le dijo al periodista Byron York, del Washington Examiner, que no se arrepiente de sus aseveraciones.

Richwine negó ser racista y sólo reconoció haber pecado de cierta ingenuidad al no haber tomado en cuenta cómo iba a reaccionar un público no especializado ante su investigación.

Se trata de las únicas declaraciones que ha realizado el académico tras destaparse el escándalo.

Si bien son mayoría quienes lo han criticado, Richwine también tiene sus defensores. Entre estos últimos, se sitúan quienes aseguran que es víctima de una cacería de brujas.

Otros, que no defienden en sí las teorías de Richwine, denuncian que la Fundación Heritage, que ahora se rasga las vestiduras, sabía bien a quién contrataba.

BBC Mundo intentó sin éxito contactar a Jason Richwine.





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